Edda en Prosa: Fatum. IV

Los libreros de Göteborg



Despertó muy temprano en la amanecida, con cuidado colocó la tetera para hacerse un poco de manzanilla y sacó de una de las viandas el pastel que le había regalado Acacia. Se percató que la noche anterior no había lavado la vianda de la cena, y acercándose al fregadero de la cocina arrastrando su inseparable banco, pudo estar a la altura y lavar la misma. 

El silbido de la tetera lo alertó, se sirvió un poco con dos cucharadas de azúcar y desayunó. Se preparó, minutos después, a emprender su salida. Usaba los pantalones que Acacia le había obsequiado, y una simple camiseta, una del par que tenía y lavaba casi a diario. A pesar de que debía ir a clases con Birsh, decidió permanecer al margen de su casa por unos cuantos días. Aunque el incidente con Acacia había sido resuelto, sentía que si regresaba, el padre de la misma se enojaría por haber celebrado el cumpleaños de Kerstin. 

Edda en Prosa: Fatum. III



Los libreros de Göteborg


Si cruzabas la estancia de la casa “de bokhandlare” podías encontrar una sala amplia que ostentaba los suelos de madera más representativos jamás vistos. El abuelo dueño de la casa desde hacía años, y desaparecido hacía casi una década, había traído cada madera desde muy lejos, puesto que su hija, su querida princesa, adoraba danzar por doquier como una mariposa inquieta. La gente que los conocía solía decir que Kerstin asistía al ballet y era una muy buena joya en desarrollo, sus puntos releve, e inclinación de cuerpo, junto a su delicadeza a la hora de bailar frente al público en el Lorensbergsteatern, dejaban demostrar, que lo que movía a la pequeña era una fuerza angelical, que más que mágica, era sublime. El abuelo Michael añoraba verla danzar cada día, y por ello, le cumplía su segundo mayor capricho. 

Dvora. I Garderoben.


Esa noche había tenido las mismas desazones, verosímilmente labradas por el chocolate, o por la ansia tan garrafal que estaba hincada en medio de mi pecho. La boca de mi estómago ardía, la acidez producida por mi desespero era tal, que me revolcaba entre las sabanas mientras cruzaba mis brazos frente a mi estómago. Suspiré en cuanto oí el sordo sonido de la sábana chocando contra la alfombra de mi habitación, y desprotegida del frío matutino pude averiguar viendo hacia la ventana que era hora.

Edda en Prosa: Fatum II

16 de Mayo de 1970


Sobre la mesa se dejó reposar un hermoso pastel, ataviado con cerezas y crema pastelera de vainilla. El pequeño de cabellos aquamarina dio un sobresalto.

-¡Es enorme!- habría exclamado Birsh, al momento en que se acomodaba a un lado de Acacia, frente a Afrodita y el enorme pastel. Los ojos del pequeñuelo estaban abiertos de par en par, mientras un hermoso color carmín adornaba sus mejillas. ¿Qué se suponía que hacía eso ahí? ¿No era una exageración para la merienda?

Edda en Prosa: Fatum. I


16 de mayo de 1970


La pequeña casa estaba helada por dentro. Para sorpresa, ese mayo había llovido desde que se había asomado. Sumamente extraño normal para un mayo en Gotemburgo. La losa del suelo estaba completamente fría, a pesar de su cálido color terracota. Las paredes de colores pasteles dejaban reposar muchos cuadros y adornos de madera, haciendo disimular lo vacía que estaba la estancia: solo había dos camas al fondo, en el centro una alfombra con una pequeña mesa, y del otro lado una cocinita bien distribuida, que hacía recrear la de una pequeña casa de muñecas.
Eran las 3 en punto de la tarde. El padre Alrik decía que era la hora de la misericordia y que se debía tomar un rosario para rezar varios padres nuestro, con eso, sería suficiente para que el sufrimiento de Acacia se viese concluido. Ella esa tarde hizo a un lado ese trance, con la ilusión del cumpleaños de Kerstin y se dispuso a preparar un pastel.

Sutadatsuto. Jacklitz.. Con la tecnología de Blogger.

Espacio dedicado a la historia de Afrodita de Piscis, santo de Athena, según la línea de tiempo con el grupo de roleplay Scumbag Sanctuary de tumblr.

Un por qué y para qué a todas sus acciones, puesto que creo que quien eres ahora, depende de quien fuiste ayer.