Los libreros de Göteborg
Despertó muy temprano en la amanecida, con cuidado colocó la tetera para hacerse un poco de manzanilla y sacó de una de las viandas el pastel que le había regalado Acacia. Se percató que la noche anterior no había lavado la vianda de la cena, y acercándose al fregadero de la cocina arrastrando su inseparable banco, pudo estar a la altura y lavar la misma.
El silbido de la tetera lo alertó, se sirvió un poco con dos cucharadas de azúcar y desayunó. Se preparó, minutos después, a emprender su salida. Usaba los pantalones que Acacia le había obsequiado, y una simple camiseta, una del par que tenía y lavaba casi a diario. A pesar de que debía ir a clases con Birsh, decidió permanecer al margen de su casa por unos cuantos días. Aunque el incidente con Acacia había sido resuelto, sentía que si regresaba, el padre de la misma se enojaría por haber celebrado el cumpleaños de Kerstin.
